Los perros azules de Chernóbil y la verdadera causa de su color
En octubre circularon en internet unas fotos nuevas de la zona de exclusión de Chernóbil que parecían sacadas de una película de ciencia ficción. En ellas se veían varios perros callejeros caminando entre edificios abandonados con el pelaje de un azul intenso, y las redes sociales se llenaron al instante de teorías sobre radiación, mutaciones y una nueva etapa de la evolución.
Los científicos y voluntarios que trabajan de verdad con estos animales enfriaron rápido el entusiasmo. El biólogo Timothy Mousseau, asesor científico del proyecto Dogs of Chernobyl, explicó que la explicación más probable es mucho más mundana. Los perros probablemente se revolcaron en un tinte químico que se filtró de un baño portátil dañado o de otros productos de construcción cerca de una instalación industrial, y el pigmento simplemente se pegó al pelaje. Nada de superpoderes ni de mutantes brillantes, solo comportamiento típico de perro y mala sanidad.
Detrás de los memes hay una historia más triste. Se calcula que unos setecientos perros callejeros viven en Chernóbil y sus alrededores, descendientes de las mascotas que fueron abandonadas en mil novecientos ochenta y seis. Sobreviven en un entorno duro, con poca comida, enfermedades y riesgos de contaminación, mientras los voluntarios los vacunan, les llevan alimento y de paso los estudian. Algunos estudios sí encuentran señales de que la población se adapta poco a poco a la radiación y a los contaminantes, pero el color azul resultó ser solo una broma sucia de la química.
Y aquí la historia de repente suena muy familiar para los traders. En los gráficos también nos encanta culpar de cada movimiento raro a fuerzas misteriosas, algoritmos oscuros o algún tipo de radiación invisible del banco central. En realidad la curva de capital se pone azul por un motivo mucho más simple. Alguien se revolcó en demasiado apalancamiento, ignoró la gestión del riesgo y luego se sorprende al ver un portafolio tóxico. Igual que los perros de Chernóbil no son víctimas de un nuevo gen mutante, muchas cuentas no son víctimas de un mercado malvado, sino de decisiones muy humanas sobre el tamaño de la posición y los niveles de stop.