Las reservas de Uzbekistán marcan un máximo histórico impulsadas por el rally del oro
Uzbekistán se suma a la lista de países que están batiendo récords de reservas en plena escalada del oro. Según las últimas cifras del banco central, los activos internacionales del país han superado los 59.000 millones de dólares, impulsados por un fuerte aumento del valor de los lingotes y por un ligero incremento en el volumen físico almacenado. El resultado es que el oro se consolida como el componente dominante de las reservas, con una valoración cercana a los 48.000 millones de dólares.
Para las autoridades de Taskent, este salto ofrece una importante ventaja: un colchón más grueso frente a posibles turbulencias externas. Un nivel elevado de reservas en oro y divisas proporciona margen para suavizar movimientos bruscos del tipo de cambio, sostener importaciones esenciales en episodios de estrés financiero y transmitir un mensaje de solidez a los acreedores e inversores internacionales.
Sin embargo, el cuadro no es exclusivamente positivo. Una parte sustancial del aumento registrado en 2025 procede de ganancias por revalorización del oro, favorecidas por un incremento de casi el 50 por ciento en los precios internacionales desde comienzos de año. Si el mercado entrara en una fase de corrección, el volumen nominal de reservas podría retroceder con rapidez, aun cuando los fundamentos externos de la economía uzbeka no se deterioraran en la misma medida.
Hasta ahora, el banco central insiste en que la posición sigue siendo cómoda y que la combinación de inflación contenida, tipo de cambio gestionado pero flexible y apetito de los inversores por la deuda local constituye una base razonable. A medio plazo, no obstante, los economistas señalan la necesidad de avanzar en una mayor diversificación de las reservas, equilibrando el papel del oro con cestas de divisas y activos líquidos que reduzcan la vulnerabilidad a los vaivenes de un solo mercado.
En conjunto, la nueva cifra récord recuerda que Uzbekistán se encuentra en un punto de cruce entre varias dinámicas: reformas internas y privatizaciones, ciclo alcista de materias primas y un sistema financiero global más fragmentado, en el que el tamaño y la calidad de las reservas vuelven a ser un indicador clave de resiliencia.